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Cómo amasar la arcilla: cabeza de toro, espiral y crisantemo

Por qué amasar bien la arcilla es el paso invisible que evita grietas y roturas en el horno, y cómo se hacen los tres amasados clásicos: el de cabeza de toro, el de espiral y el japonés en crisantemo.

Por Devie Werchowsky 2 de septiembre de 2026

Hay un gesto que casi nadie ve y del que puede depender el resultado de una pieza: el amasado. Antes de modelar nada, antes de sentarse al torno, el barro hay que amasarlo. Es un paso humilde, poco lucido, que muchos principiantes quieren saltarse para ir directos a lo divertido… y es justo el que más problemas evita después. Si una pieza se agrieta al secar o revienta en el horno, muchas veces la culpa no está en la cocción: está en un amasado mal hecho.

Por qué se amasa el barro

Amasar cumple tres funciones, y las tres importan:

¿Siempre hay que amasar?

No siempre en la misma medida. Hoy la arcilla se compra en barras que vienen muy homogéneas y con poco aire, así que, al abrir una nueva, casi podrías ponerte a trabajar sin amasarla. El amasado se vuelve imprescindible con el barro reciclado: los recortes y sobras que se van guardando son un material estupendo —aquí no se tira nada—, pero hay que amasarlos bien antes de modelar para devolverles uniformidad y sacarles el aire. Y si vas a tornear, en cualquier caso hay que amasar para formar la pella, ese cono compacta y equilibrada con la que se empieza en el torno.

El amasado de cabeza de toro o de buey

El amasado de cabeza de toro o de buey —también llamado amasado de cuña, amasado en ariete o de carnero— recibe ese nombre porque la arcilla, al trabajarla, va tomando una forma que recuerda a la cabeza y los cuernos del animal. Es el más habitual para empezar.

Se trabaja empujando el barro hacia delante y hacia abajo con el talón de las manos, y recogiéndolo de nuevo hacia ti, una y otra vez, con un movimiento rítmico. No se aplasta sin más: cada empuje obliga al aire a salir y va plegando la arcilla sobre sí misma. Con la práctica, el bloque adopta esa silueta simétrica característica. Es un amasado intuitivo y muy eficaz para deshacer burbujas y unificar la pasta.

Vídeo: amasado de carnero, paso a paso (Saeli Bustos) Amasado de carnero paso a paso. Vídeo de Saeli Bustos — haz clic para verlo en YouTube.

El amasado en espiral

El amasado en espiral —o helicoidal— es un amasado más técnico y exigente: más difícil de coordinar, pero muy potente. Aquí una mano hace casi todo el trabajo de empuje mientras la otra gira ligeramente el barro, de modo que el barro va describiendo una espiral que concentra el amasado en un punto y recorre todo el bloque.

Es el preferido de mucha gente para preparar la pella antes de tornear, porque deja el barro especialmente compacto y con una estructura muy uniforme. A cambio, cuesta más cogerle el truco: la postura, el peso del cuerpo y el giro tienen que coordinarse, y al principio es normal pelearse con él. Una vez que sale, es rapidísimo y muy satisfactorio.

Vídeo: amasado en espiral (Florian Gadsby) Amasado en espiral explicado desde varios ángulos. Vídeo (en inglés) de Florian Gadsby — haz clic para verlo en YouTube.

El amasado japonés en crisantemo

La tercera técnica viene de la tradición japonesa y es la más refinada: el amasado en crisantemo, conocido como kikumomi (菊揉み) —aunque los propios ceramistas japoneses lo llaman más a menudo kikuneri (菊練り)—. Es un movimiento circular y envolvente que va plegando el barro sobre sí mismo de forma rítmica, dejando en la superficie un patrón de pliegues con forma de pétalos: de ahí el nombre de "crisantemo".

Su gran virtud es una compactación extraordinariamente uniforme, que expulsa hasta la última burbuja y deja la pasta perfectamente homogénea. Es una técnica muy asociada a la cerámica japonesa tradicional y a pastas exigentes como la porcelana, donde una preparación muy cuidadosa del barro es fundamental. También es el más difícil de dominar: requiere muchísima práctica para coordinar la presión y el giro, pero el resultado es un barro preparado con una uniformidad excepcional.

Vídeo: amasado en crisantemo (kikuneri), en español Demostración del kikuneri en español (Espacio Dual Cerámica) — haz clic para verlo en YouTube.

Vídeo: amasado en crisantemo (kikuneri), Japón El mismo amasado por un ceramista japonés (canal 籠山動房) — haz clic para verlo en YouTube.

Los errores más comunes

Casi todos los problemas de amasado vienen de lo mismo:

Cómo saber si está bien amasado

El truco definitivo: corta el bloque por la mitad con el hilo o alambre de cortar y mira la sección. Si ves agujeritos o huecos, todavía hay aire y hay que seguir. Cuando el corte sale limpio, sin burbujas y con una textura uniforme, el barro está listo. Con el tiempo lo notarás también por el tacto: un barro bien amasado se siente terso, elástico y "vivo".

Se aprende mejor con las manos guiadas

El amasado es de esas cosas que se entienden en cinco minutos viéndolas y cuestan semanas de dominar haciéndolas. La presión exacta, el ángulo de las manos, el ritmo… son detalles que alguien al lado corrige en un momento y que en solitario pueden tardar mucho en salir. Por eso en mis empezamos por aquí: por preparar bien el barro, que es la base de que todo lo viene después — el modelado, el torno, el secado, la cocción— salga como debe.

Amasar bien no es lo más vistoso de la cerámica, pero es lo que separa una pieza que llega entera del horno de una que se queda por el camino. Vale la pena dedicarle el tiempo que pide.

Aquí en el taller solemos usar las dos primeras técnicas, sacamos las posibles burbujas de aire y hacemos que toda la arcilla adquiera la misma humedad con la técnica de cabeza de toro y luego amasamos en espiral, así nos acostumbramos a dejar unas pellas bien hechas.

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